sábado, 9 de marzo de 2013

Un gintonic, por favor


 De vez en cuando nos conviene reflexionar sobre actitudes, clichés y problemas que desgraciadamente vienen de la mano de la sociedad occidental.  El alcoholismo es uno de ellos. Una realidad que todos los sábados-noche  podemos ver por las calles, y que preocupa, ya que beber se ha convertido en un ritual que nos impide ver más allá del verdadero problema que trae consigo esta droga legal.
Me gusta que el séptimo arte sirva como instrumento para concienciar. Y  de manera certera lo consigue el director Blake Edwards en Días de vino y rosas, un excelente melodrama dotado de un  realismo etílico. Jack Lemmon y Lee Remik se enfrascan en una angustiosa aventura por el cuerno de Baco. Una aventura sin idealismos, donde el rostro del alcohólico es de un alcohólico y  donde las tempestades que conlleva la Ilíada que protagonizan los dos actores son las resacas, producto del vicio y la insatisfacción de la clase alta.  A la batuta,  el sin par Henry Mancini deleita esta alcoholizada historia de amor y odio con la canción  Days of wine and roses.